lunes, 12 de octubre de 2009

El Nobel es para Ostrom y Williamson

Por: Mauricio Ríos García

La politóloga Elinor Ostrom de la Universidad de Indiana, y el economista Oliver E. Williamson de la Universidad de California, Berkeley, fueron galardonados este lunes 12 de octubre con el Premio Nobel de Economía 2009, sorprendiendo a propios y extraños; “por su análisis económico de la gobernanza, especialmente de los comunes (de los bienes comunales)”, y “por su análisis económico de la gobernanza, especialmente los límites de la empresa", respectivamente.

Para ser más claros, el gran trabajo de Ostrom y en particular la obra “Gobernando los bienes comunales: la evolución de instituciones para la acción colectiva” se concentra en cómo los problemas de los bienes comunales pueden ser resueltos localmente, es decir, prescindiendo de la administración central del Estado, o sobre la forma en que uno consigue cooperación social, incluso cuando el aspecto de privado pareciera no ser la alternativa.

Sin embargo, además de no poder pasar por alto el hecho de ser la primera mujer en ser galardonada en esta categoría, vale destacar la estrecha relación que sostiene con la Escuela de Elección Publica, y también con la Escuela Austríaca de Economía, a juzgar no sólo por la aplicación de estos enfoques (u otros muy cercanos) en sus numerosos trabajos sobre federalismo y las organizaciones del Estado, sino también por las contribuciones de algunos de sus discípulos.

Es más, la relación de Ostrom con la Escuela Austríaca es más estrecha aún. Los austríacos Boettke y Aligicia publicaron este año un libro titulado “El Desafío del Análisis Institucional y el Desarrollo” (Routledge, 2009), en el que precisamente analizan, rescatan y aplican las contribuciones de la politóloga a la política económica y las ciencias sociales, así que las contribuciones de las Ostrom son aplicables a las de la Escuela Austríaca y viceversa.

Para el caso de Williamson, algunos consideran que esta podría ser la premiación más cercana a los austríacos en muchos años, tal vez desde 1974 cuando Hayek (y Myrdal), sobre todo por el trabajo que publicó en 1991 titulado "Instituciones Económicas: Gobierno Espontáneo e Intencional”. Y para profundizar en el aporte de Ostrom, el mismo Boettke recomienda los trabajos Gobierno de los Comunes (Cambridge), y Diversidad Institucional (Priceton).

Por otro lado, y para gran sorpresa de quienes vivimos en un lugar tan alejado de donde se plantean ideas de semejante calibre, Ostrom guarda una estrecha relación académica y de amistad, nada más y nada menos que con el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) de Cochabamba, en particular sobre investigaciones en el manejo de bosques como recurso comunal; y aunque en forma indirecta, Williamson también guarda relación por la forma en que Berkeley ha influido en la línea de trabajo del CERES durante los últimos años.

No cabe duda que con este premio vienen renovadas esperanzas sobre el interés que puede despertar, sobre todo en los jóvenes estudiantes, en los postulados de la Escuela Austríaca y la Escuela de Elección Pública, es decir, sobre la racionalidad humana y su comportamiento -sobre los que Mises trabajó tanto-, las instituciones, y las soluciones alternativas legales, políticas y culturales.

Esta premiación es una muy particular, ya que luego de la polémica premiación de Krugman en 2008 y el posterior desenvolvimiento político que tuvo, este año ha logrado el contento casi unánime de las escuelas contemporáneas más reconocidas en el mundo, y sobre todo por el largo tiempo que ha pasado para prestar atención a los aportes de la ciencia desde esta perspectiva.

Cuando Hayek recibió el mismo Premio en 1974, confesó que si le hubieran consultado sobre establecer un Premio Nobel de Economía, él se hubiese manifestado en desacuerdo porque temía que éste tendería a acentuar las oscilaciones de la moda científica. Afortunadamente, el Comité de Selección había refutado esta idea premiándolo a él, alguien que había tenido tan poca cabida dentro de la moda, sin embargo, Hayek se mantuvo aún escéptico porque consideraba que tal Premio confería tal autoridad que ningún hombre debería poseer.

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20091014/el-nobel-es-para-ostrom-y-williamson_40624_68712.html
http://www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdEdicion=529&IdSeccion=7&IdNoticia=21665

lunes, 28 de septiembre de 2009

Para terminar con los excesos

Por: Mauricio Ríos García

En su reciente cumbre de Pittsburg, los jefes de Estado del G-20 han dado a conocer una de las conclusiones más preocupantes para encontrar una estrategia para lograr la recuperación, y que además pone en evidencia lo alejada que está la posibilidad de lograr aquel crecimiento sostenido que dicen buscar. Concluyeron que este organismo debe convertirse en el gran supervisor del funcionamiento económico mundial, implementando exigencias a los bancos para reforzar su capital y reducir los bonos que pagan a sus altos ejecutivos, apuntando al viejo argumento de la codicia y el capitalismo salvaje, "para terminar con las debilidades que generaron la crisis".

Muchos creen que el socialismo más consabido terminó hace veinte años, pero no hubo ningún rediseño institucional en el sector bancario. Estamos de acuerdo en una reforma radical del sistema y en que se eliminen los privilegios, pero no mediante el dictamen del Estado sobre el sueldo de los altos ejecutivos, sino del mercado.

Para explicar esta proposición, lo que primero que debe entenderse es que la génesis de la crisis es responsabilidad de los gobiernos y sus bancos centrales cuando redoblaron la masa monetaria para la expansión crediticia sin respaldo alguno del ahorro real, y que más tarde se tradujo en los errores masivos de inversión de los que el mercado se encargó de identificar y corregir en octubre de 2008.

La nomenclatura económica tradicional hace que la banca central tenga como principal tarea el controlar la inflación y la masa monetaria, sin embargo, también está obligada a rescatar aquellos bancos con problemas inyectando liquidez para que no se desmorone el sistema, haciendo que este "prestamista de última instancia" libere de responsabilidad a los bancos privados sobre el préstamo del dinero que no tienen. Es ese el tipo de excesos que debe terminar, el exceso de poder y su planificación e intervención que provoca más errores que soluciones, el exceso que no permite que la banca privada actúe como cualquier otro agente económico.

Si por ejemplo, la emisión de dinero en manos de firmas privadas cuyo negocio dependa de su éxito en mantener estable el dinero que emiten, y que deban regular la oferta de su dinero para que el público lo acepte en virtud de su estabilidad, los bonos de los altos ejecutivos estarían determinados por la competitividad y no por la voluntad del gobernante de turno -como pretende el G-20-, los ahorristas podrían acudir a la totalidad de su dinero cuando lo vieran conveniente, y los inversionistas buscarían negocios rentables con mayor precaución. Ésta es la idea que busca de la forma más fácil, eficaz y eficiente, mantener la estabilidad monetaria, evitando toda fluctuación industrial o período de depresión, en vez de buscar medidas desesperadas que la generen o la agraven.

Si la plaga de la intervención se expande con las viejas ideas del G-20, la magnitud de sus equivocaciones tendrá relación directa con la duración y profundización de las próximas recesiones.

http://www.eldeber.com.bo/2009/2009-10-02/vernotacolumnistas.php?id=091001230825