jueves, 26 de marzo de 2009

¿Más de lo mismo?


Mauricio Ríos García

Hasta ahora se han aprobado tres “planes anticrisis” en Estados Unidos: el denominado TARP de 700 mil millones de dólares de la Administración Bush, destinado a ayudar a la banca y distintos sectores como el automóvil; el denominado TALF de 200 mil millones de dólares, destinado a los créditos de consumo y los créditos hipotecarios con Fannie Mae y Freddie Mac de 600 mil millones; el de la Administración Obama para “estimular la economía real” con 787 mil millones de dólares destinados a la inversión en infraestructuras y recortes fiscales de los hogares que tendrían que crear alrededor de 4 millones de empleos; y finalmente el último y cuarto plan propuesto por el Secretario del Tesoro Tim Geithner, destinado a que el Gobierno y la Reserva Federal (FED) usen entre
75.000 y 100.000 millones de dólares del plan TARP de Bush, del que la segunda parte (350.000 millones de dólares) aún no ha sido utilizada.


Este último plan consta de un riesgo y una volatilidad enorme que, en caso de que no funcione, no se trataría más que de una ruleta rusa.

La idea de Geithner consiste en lo siguiente: un banco subasta activos tóxicos (hipotecas) por 100 millones de dólares, por ejemplo. La Comisión de la FED valora sus riesgos y establece hasta qué punto respaldará la inversión privada. La máxima puja es de 84 millones de los que la Comisión garantiza hasta 72 millones. El resto, 12 millones, los pagan a partes iguales el inversor y el Tesoro, que asume el riesgo de perder seis millones. Si la idea sale bien y estos activos se “sanean”, el inversor ha arriesgado nada; si se volatilizan, pierde 78 millones.

Si el plan funcionara, ¿la actual Administración abandonaría el proteccionismo y el incremento de la intervención del Estado en la economía a través de subsidios y “rescates”, para empezar a dejar que el esfuerzo y la creatividad del empresario emprendedor vuelvan a liderar la economía estadounidense?

Gary Becker, Premio Nobel de Economía de 1992, es un hombre que de 78 años de su vida, más de 50 los dedicó al estudio del libre mercado, habiendo demostrado que este es bueno para el progreso humano.

En una reciente entrevista con Mary Anastasia O´ Grady del Wall Street Journal, Becker manifestó su desacuerdo con las medidas tomadas hasta la fecha, debido a que para estas épocas se trataba de malas ideas y por tanto contraproducentes.

Aunque el Premio Nobel no sea partidario de la filosofía del laissez-faire, destaca el hecho de que los planes de estímulo solamente incrementarán la deuda, incurriendo en gastos ineficaces, además de otros problemas, pero ante la pregunta fundamental de si por cada dólar que el gobierno gaste, se generará medio dólar más, Becker responde más que escépticamente: “el keynesianismo había pasado de moda por tanto tiempo que dejamos de investigar las variables como el multiplicador. El trabajo de Christina Romer demuestra que el trabajo sobre los multiplicadores está basado en evidencias muy débiles e incluso inexistentes, pero yo creo que es aún mucho peor que eso.”

Todos los planes de estímulo y rescate son elaborados con aquella base. Desde Hoover, pasando por Roosevelt y Bush, y terminando en Obama, todos han tomado decisiones equivocadas respecto de la economía, pero como el maestro concluiría sobre el final de la entrevista, “los economistas liberales no deberían retirarse del debate simplemente porque, por el momento, su causa parezca quijotesca.”

martes, 10 de marzo de 2009

La crisis y la venta de pánico

Mauricio Ríos García

El pasado 4 de marzo, la provocadora columna de Patricia Cohen del New York Times, explica “cuán locos son los economistas que siguen creyendo en el libre mercado y que no abrazan el socialismo a la luz de su fracaso”, mostrando -una vez más- cuán alejados están algunos al pensar que Wall Street representa toda la economía norteamericana.

Cohen aborda el artículo con una serie de citas de Alan Greenspan, titulares de la revista Newsweek y otras de economistas prestigiosos (pero equivocados), creyendo que a mayor número de opiniones en favor del nuevo socialismo de la administración Obama, es suficiente para retroceder en el tiempo y replantear y adoptar ideas ya superadas sobre la forma en que funciona una economía como la de Estados Unidos.

Es verdad que muchos han desistido en favor de las virtudes del mercado al observar la magnitud de la desestabilización de la economía mundial, sin embargo, hubo gente que en vez de entrar en pánico, puso manos a la obra.

Casey B. Mulligan, de la Universidad de Chicago, en su estudio “Las respuestas del mercado al pánico”, ha demostrado tres cosas importantes:

Que la productividad del sector no financiero -aquel que mejora nuestros niveles de vida con el pasar del tiempo y que no es necesariamente cruel y desalmado- es independiente de la interpretación que se tenga de los mercados financieros; que la productividad del sector no financiero norteamericano de 2007 y parte de 2008, ha sido el mejor que el promedio desde la Segunda Guerra Mundial; y que, por tanto, la situación no es como la de la Gran Depresión.

Con tal evidencia, desde luego, se podría superar rápidamente la crisis, toda vez que la incompetencia de quienes diseñan los “planes de estímulo” no vayan a minar la confianza de los inversionistas y seguir desatando la montaña rusa en las bolsas de valores, como Cohen espera que suceda para seguir vendiendo artículos.

La autora citó varias universidades, entre ellas la Universidad de Chicago, para decir que sus profesores aún no tienen mayor intención de revisar sus cursos introductorios "porque el mundo académico se mueve muy lentamente para explicar qué fue lo que realmente ocurrió", pero así como Cohen tendrá que esperar sentada hasta que pueda reemplazar la interpretación que tenga un académico de Estados Unidos, los asesores del Presidente Obama tendrán que esperar hasta que la confianza ciega vuelva sobre ellos. Tuvieron 4 meses (entre el día en que se publicó el estudio y el que se aprobó el mayor gasto de la historia) para saber que la economía norteamericana seguirá siendo mantenida por el sector privado.

Así como algunos directores de cine aseguran millones cuando tratan sobre Hitler y los actores hacen de Che Guevara, muchos articulistas escriben cómodamente con una sola llamada telefónica a la persona que le dirá lo que quiere escuchar, simplemente porque el pánico vende.Por la forma de ver la economía como una telenovela, muchos podrían estar escribiendo sobre los altibajos de los famosos, y no así sobre quienes trabajan para que la economía mejore y premie a quien trabajó e incluso a quienes los insultó.

lunes, 9 de febrero de 2009

Lo perverso del estímulo económico

Mauricio Ríos García

La Escuela Austríaca de Economía ha diagnosticado en forma consistente las raíces de la crisis económica internacional, acusando la expansión masiva de crédito sin respaldo por parte de la Reserva Federal de los Estados Unidos, sin embargo, los nuevos planes de rescate del nuevo gobierno estadounidense no advierten su agudización y prolongamiento en este sentido.

Estos paquetes de estímulo son construidos con respuestas equivocadas sobre cómo se llegó a este punto y cómo se sale de él, pero por otro lado, de nada serviría aquel análisis si no prestamos atención a otro de los factores que influyen en estas políticas de “rescate” y que guardan coherencia con aquel diagnóstico: la lógica de la acción colectiva.

Aunque desde una perspectiva distinta, son varios los economistas que han escrito sobre este tema, desde Adam Smith (1776), pasando por Mancur Olson (1965), Douglass C. North (1971) y James M. Buchanan (1981, 84), e incluso Paul Krugman (1992), pero aún no se consigue evitar la mala lectura del político sobre la acción humana.

Olson, por ejemplo, en “Poder y Prosperidad”, explica una paradójica situación en la que los grupos pequeños prevalecen sobre los más numerosos a la hora de actuar en forma colectiva y, en este caso, para impulsar una política de estímulo económico, cuando afirma que las organizaciones de acción colectiva están preponderantemente orientadas a la lucha por la distribución de la renta y la riqueza, y no al aumento de la producción en su conjunto, lo que Buchanan llama “rent seeking behavior” o “rentismo”.

Si concentramos la atención en el último paquete de estímulos con una cifra de doce ceros que el gobierno de Estados Unidos gastará, observamos amplio consenso para su aprobación, sin embargo, lo que se pierde de vista es que se privilegia a un pequeño y minoritario grupo de interés empresario que influye sobre este tipo de decisiones en el Gobierno y el Congreso, ya que es menos costosa la persuasión que la competencia en el mercado. Una sencilla lógica de privilegios, monopolios y favores para apropiarse de las rentas públicas.

¿Acaso la Constitución de los Estados Unidos no contempla mecanismos que limiten las decisiones ineficientes por parte de los gobiernos que afectan a los particulares?

De todas maneras, la decisión correcta sería aquella a la que la teoría económica se ha referido sobradamente, aquel valor que se genera a partir del intercambio, donde –como afirmaría North- el intercambio voluntario genera nueva riqueza beneficiando a ambas partes, siempre que se plantee un escenario institucional abierto y competitivo que proteja al consumidor y promueva la libre empresa para generar nuevos mercados.

Parece ser que a casi diez años de haber iniciado el nuevo milenio, con el gran peso y expectativa de la palabra “cambio” y a pesar de las constantes advertencias del método de análisis austríaco, los partidarios del gobierno limitado, la competitividad y el libre comercio ganan en argumentos, pero los partidarios del gasto diligente de los gobiernos mesiánicos y su empeño en no querer superar la crisis, seguirán ganando en número de votos, toda vez que se no se acuse cuenta de los avances de la ciencia económica desde 1929.

http://lostiempos.com/noticias/11-02-09/11_02_09_pv1.php

http://www.hoybolivia.com/vernoticia.php?IdSeccion=7&IdEdicion=284&IdNoticia=10905

http://independent.typepad.com/elindependent/2009/02/lo-perverso-del-est%C3%ADmulo-econ%C3%B3mico.html

miércoles, 17 de diciembre de 2008

La privatización como solución a la crisis

Mauricio Ríos García

La economía más grande del mundo aún no muestra signos de mejoría. Luego de la nueva sacudida que el fraude de Madoff ha provocado en Wall Street, la Reserva Federal (FED) ha dado un nuevo giro inesperado, recortando nuevamente los tipos de interés en al menos tres cuartos de punto para dejarlos en un margen entre el 0 y el 0,25%, el nivel más bajo de su historia, una acción que podría terminar atando las manos de la misma institución.

La última vez que se presentó un escándalo similar fue con Enron y WorldCom a principios de la década, por lo que la FED redujo las mismas tasas de un 6,5 a un 2,5 por ciento para “salvar” la economía. Este es un tipo de medidas que responden a lo que Lord Keynes llamó “sintonía fina”, una maniobra política que depende de una exacta dosificación y oportunidad de las decisiones a través de los ya conocidos multiplicadores, es decir, cosas que en la práctica resultan demasiado difíciles, ineficientes e ineficaces, y que sobre todo, no se consigue dominar por completo.

Esta construcción teórica a la que, por ejemplo, Stiglitz quiere atribuir el triunfo de la razón para rediseñar los mercados, tendría que evitar las crisis, pero como en realidad impide al dinero desempeñar una correcta función, éstas son simplemente postergadas.

Sucede que para tomar le decisión de reducir las tasas de interés, es necesario que los agentes económicos (individuos, familias, empresas) tengan la posibilidad de disponer de sus ahorros, caso contrario, se trataría de una expansión de créditos otorgados con dinero que no existe. Cuando una persona dispone del dinero por el que no trabajó, dinero fácil, empieza a invertir en negocios que no conoce y donde otros no dudarán en aprovecharse de aquella ilusión para especular, estafar y provocar la quiebra del negocio.

Con esta observación, se escuchó alguna tímida voz que recomendaba volver al “patrón oro” (el equivalente que los billetes tienen en determinada cantidad de oro), para mantener la estabilidad en el valor del dinero. Alguna otra persona propuso acumular los stocks de commodities existentes como reservas con el mismo objetivo. ¿Es esto posible cuando la gente no está dispuesta a respetar las reglas del juego establecidas?

Ciertamente, no existe base teórica alguna para justificar el monopolio de los gobiernos en la emisión de dinero. La pregunta correcta sería si es posible mantener la estabilidad monetaria sin la intervención de los gobiernos, más allá de cómo deben hacerlo.

El Premio Nobel de 1974, Friedrich A. von Hayek, tuvo la idea de poner la emisión de dinero en manos de firmas cuyo negocio dependa de su éxito en mantener estable al dinero que emiten, es decir que aquellas entidades deben regular la oferta de su dinero para que el público lo acepte en virtud de su estabilidad. Lógicamente, la idea está anclada al principio de libre competitividad, lo que obliga a estas instituciones buscar la forma más fácil, eficaz y eficiente de mantener la estabilidad monetaria, evitando toda fluctuación industrial o período de depresión, en vez de buscar medidas desesperadas que la generen o la agraven.

Por ahora, cualquier otra idea no se trata más que de buenas intenciones y perniciosos resultados, de lo perverso que resulta el obstinado deseo (por más bien intencionado que sea) de controlar, planificar y ordenar todo fenómeno natural en el que se involucra el ser humano, y ciertamente, éste, “mientras está persiguiendo sus propios intereses, contribuye más a los intereses de la sociedad que cuando quiere promoverlos intencionalmente”.

El autor es miembro del Instituto Libertad Democracia y Empresa (ILDE).

http://independent.typepad.com/elindependent/2008/12/la-privatizaci%C3%B3n-como-soluci%C3%B3n-a-la-crisis.html

http://www.hoybolivia.com/edicion_anterior/Noticia.php?IdEdicion=225&IdSeccion=7&IdNoticia=9050

http://lostiempos.com/noticias/24-12-08/24_12_08_pv2.php