viernes, 14 de agosto de 2009

Quieren desentenderse

Por: Mauricio Ríos García

El presidente Obama acaba de sostener que "en los últimos meses, el rendimiento de la economía ha sido mejor del que se esperaba". Indudablemente, resultaría ocioso discutir esa idea si eso depende de cuáles fueron sus expectativas, pero no tanto si se discute el hecho de necesitar otro plan de estímulo y si el mejoramiento de la economía se debe a estas inyecciones de liquidez.

A pesar de que se estima que el déficit presupuestario del año fiscal estadounidense podría alcanzar los 1,8 billones de dólares, y de que la deuda la terminarían pagando los contribuidores, economistas como Roubini y los Nobel Stiglitz yKrugman, aseguran que el plan de estímulo más grande de la historia de 787.000 millones de dólares, aprobado el pasado mes de febrero por el Congreso, no solo no es suficiente, sino que es necesario un nuevo paquete de entre 200.000 y 250.000 millones de dólares adicionales para fines de este año o comienzos del próximo.

Para variar, los neoclásicos no terminan de entender la crisis, y prefieren desentenderse mediante el estímulo. Argumentan que quienes se oponen a una nueva ronda de gastos “lo hacen por temor a que degeneren en inflación, pero como el problema más inmediato sigue siendo el de la deflación, la única preocupación debiese ser el desempleo”. Lo que en realidad hacen es viajar por el mundo con una receta millonaria bajo el brazo, perdiendo de vista que ahora se tiene la deuda más alta desde la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo con las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el costo de tales medidas asciende a casi 12 billones de dólares, de los cuáles los países desarrollados han destinado 10,2 billones; los países de la UE han destinado 313.000 millones de euros a recapitalizar bancos, representando para el G-20 un déficit público promedio del 8,1% en 2009, frente al 1,1% de 2007. Por su lado, los países emergentes gastaron 1,7 billones de dólares, por el momento (Llamas, 08/09).

Ahora bien, ¿los signos de recuperación de la economía estadounidense son gracias al estímulo? Si un 90% del dinero destinado al mismo aún no fue gastado, como Casey Mulligan de la Universidad de Chicago, sostiene, ¿cómo pudo mejorar la economía, si el nivel de desempleo no se aleja de casi un 10%, y si las medidas de principio de año tardan medio año o más en hacer efecto?

Otro de los argumentos de los neoclásicos es que el problema de la actual crisis está en la falta de crédito, y entonces tratan de resolverla con deuda, es decir, la Reserva Federal disminuye el nivel de las tasas de referencia para que se promueva el crédito y la gente se siga endeudando. La única manera de resolver el problema de la deuda es honrándola, no postergándola. Es como que yo a usted le prestara para que me pague lo que ya me debe (¿?).

Afortunadamente, la Reserva empieza a entender este tema. Acaba de decidir ampliar los programas de rescate solamente por un mes, y anunció un punto final a las compras de deuda por parte del Gobierno. Sin duda es esa la señal correcta para empezar a frenar la crisis, y lo que todas las personas deben hacer a partir del anuncio, incluida la administración Obama, es ajustarse los cinturones, reducir sus gastos y asumir sus errores como lo hicieron en peores experiencias, y no dejárselos a algún asesor iluminado de la Casa Blanca, del Congreso o de la Reserva Federal, que resuma todo en "estimular o morir".

Ahora, la discusión sobre si la recuperación es artificial o no, es un tema que queda pendiente, pero si de corolario sirve, la crisis es un problema más de carácter moral que de recetas económicas.

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20090822/quieren-desentenderse_31349_51121.html

http://www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdEdicion=468&IdSeccion=7&IdNoticia=18982

jueves, 2 de julio de 2009

Crisis financiera: reflexiones de tres grandes

Por: Mauricio Ríos García


El Instituto CATO de los Estados Unidos acaba de publicar un documento periódico de análisis de políticas públicas, en el cuál escriben los más destacados economistas pro mercado de los Estados Unidos, sobre las Lecciones de la Crisis Financiera. Entre ellos se destacan los artículos de Anna J. Schwartz quién escribió la Historia Monetaria de los Estados Unidos junto a Milton Friedman; uno de los principales representantes de la Escuela de Chicago, Allan H. Meltzer, escritor de La Historia de la Reserva Federal; y tal vez uno de los principales exponentes de la Escuela Austríaca, Roger W. Garrison.


Una vez identificado el origen de la crisis financiera, descritos los factores que contribuyen a agravarla y profundizarla, y más allá de cambiar la Ley de Bancarrota o terminar de una vez por todas con Fannie Mae y Freddie Mac, estos tres economistas coinciden en que -por sobre todas las cosas- las intervenciones legislativas que anulan mecanismos de mercado con el fin de conseguir objetivos sociales tiene consecuencias perversas.


Por ejemplo, Schwartz se detiene a responder al ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, sobre el argumento de que ningún banco central podría haber sostenido un crecimiento rápido y desmedido de activos porque, de haberlo hecho, la economía se habría sumergido en una recesión tal, que el público no lo habría permitido en una democracia:


Greenspan no explica por qué la Reserva no condujo una política monetaria menos expansiva para que los préstamos no se vieran tan artificialmente atractivos. Si la política monetaria hubiera sido más restrictiva, el crecimiento desmedido de activos hubiera sido evitado.


Otro de los puntos más importantes es el hecho de que la desregulación no causó la crisis financiera. Como Meltzer afirma, la última gran desregulación financiera fue la de 1999, cuando Bill Clinton. Ningún país en el mundo separa bancos comerciales y bancos de inversión, y nunca nadie ha tenido problemas para tener que hacerlo. No existe evidencia alguna que demuestre que la combinación de ambos tipos de bancos causaron la Gran Depresión, sin embargo, lo que ahora sí tenemos claro es que la causa principal fue cebada por la Reserva Federal.


Respecto de la histeria antideflacionista de moda, Meltzer fue aún más claro: A la última vez que alguien le preguntó por ella, respondió que esa era una de las preguntas más estúpidas que había escuchado en cuarenta años en su relación con la prensa. Aseguraba que era hora de que la gente que habla de deflación aprenda sobre la diferencia entre un cambio sostenido en los precios y un solo cambio en el nivel de precios (…) De todas maneras, en toda la historia de la Reserva Federal hubo seis o siete períodos en los que se presentó el caso de una deflación y sólo una de ellas fue un desastre: la Gran Depresión.


Garrison, en cambio, es un tanto más ambicioso: La descentralización del dinero, tal y como fue propuesta por Hayek (1976) y explorada por Selgin y White (1994), está captando cada vez mayor atención. La oferta de dinero basada en el mercado debe ser reconsiderada, más allá de las preocupaciones con su viabilidad política (…) El que por lo menos se entienda el funcionamiento de un sistema monetario descentralizado, podría identificar con más claridad los peligros de continuar con un sistema centralizado.


Es la vieja explicación austríaca de los ciclos económicos. Durante varios años, con las tasas de interés por debajo de su nivel natural, y con un crecimiento descarrilado de la economía, la sensibilidad de los mercados fue guiada por estimulaciones que no provienen del mismo sistema de mercado, sino de afuera, por tanto, si convenimos en prevenir crisis financieras futuras, estas reflexiones marcan claramente la línea a seguir, es decir, gobierno limitado, libre mercado, paz y libertad individual: Fórmula del Buen Gobierno.



http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20090709/crisis-financiera-reflexiones-de-tres-grandes_24343_38070.html

http://www.hoybolivia.com/vernoticia.php?IdSeccion=6&IdEdicion=427&IdNoticia=17055