martes 3 de noviembre de 2009

Un cambio en las relaciones de poder

Por: Mauricio Ríos García

Paradójicamente, lo que se presenta como una constante entre la visión del Estado autocrático interventor, y la visión del Estado democrático neutral, son las transferencias no condicionadas de dinero en efectivo, pues ambas necesitan de las mismas para consolidarse en un escenario con abundancia de recursos y frustración, o contenerse en el ejercicio de su poder. Actualmente, los planes de gobierno de los tres principales frentes políticos en campaña electoral plantean mantener estas transferencias o terminar por distribuir los recursos restantes (o por lo menos la mayor parte de los mismos) en forma directa, aunque ninguno podría haber entendido que existe la oportunidad de satisfacer una demanda fundamental en el país.

Cuando en 1997 se propuso ensayar este mecanismo por primera vez, se lo condenó porque se trataría de una descabellada idea para comprar el voto y lograr desesperadamente la reelección y permanencia en el poder. Más de una década más tarde, las evidencias de inversión prudente marcan la diferencia entre simplemente mantenerlas como un elemento político perverso por un lado, y conseguir que el aumento de la riqueza sea impulsada por un protagonista diferente de un Estado embriagado de privilegios por el otro.

Uno de los enfoques que podría generar mayor discusión (el favorito en lo personal) es el del cambio en las relaciones de poder entre el individuo y el Estado, porque contempla mecanismos que podrían limitar las decisiones ineficientes por parte de los gobiernos que afectan a los particulares.

Esta relación fue graficada alguna vez como la aplicación de una llave yudoca, es decir, ceder el paso en lugar de utilizar la fuerza para superar al oponente: si el control de los recursos existentes permite sostener una perversa relación de privilegios y condiciones entre el Estado y los distintos grupos de presión, lo que finalmente le toca al siguiente gobierno es ceder ante la demanda de control sobre los mismos recursos existentes para dejar de reprimir la prosperidad.

La teoría predominante que sostiene esta idea plantea un papel primordial a la pertenencia y participación en los grupos de presión, cuando se observa que sólo un incentivo individual y selectivo estimularía a una persona racional de un grupo latente a actuar con un espíritu grupal, o lo que equivale a decir que una persona tendrá incentivos para actuar en grupo solamente si tiene la seguridad de conseguir rédito en forma individual, lo que al mismo tiempo permite deducir que los individuos actúan colectivamente para proporcionar bienes privados, y no públicos.

Cuando Mancur Olson intentó explicar la lógica de la acción colectiva en 1982, observó que con el pasar del tiempo, el resultado que los distintos grupos de poder generaban al influir en la política a su favor, finalmente comprometían el crecimiento económico, y desde luego, cuando con el pasar del tiempo los grupos de poder aumentaban su fuerza y tamaño, la economía iniciaba un constante declive, y todos aquellos quienes invierten su energía y capacidad creativa dentro de ella, canalizarían su frustración en forma colectiva y violenta.

Olson también se planteaba qué tipo de gobierno se precisaba para lograr la prosperidad, y terminó acuñando la respuesta: “un gobierno potenciador del mercado sería lo suficientemente poderoso para establecer y proteger el derecho a la propiedad privada, pero limitado de modo tal que con sus actividades no pudiera privar a los individuos de esos derechos” (2001).

Entonces, la propuesta que termine por satisfacer una demanda fundamental (que es entregando en forma directa el total o la mayor parte las rentas naturales a los ciudadanos), habrá conseguido la forma menos costosa de burlar la resistencia violenta contra el abuso de poder del Estado, como último recurso de la minoría en su esfuerzo por romper la opresión de la mayoría.

Será a partir de este tipo de lógica que los economistas y no economistas vayan a plantear sus análisis y exámenes sobre los incentivos de quienes ostentan el poder, y las oportunidades para aplicar las ideas sobre el funcionamiento de los sistemas económicos y políticos que surgen en momentos extraordinarios como el actual.

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20091106/un-cambio-en-las-relaciones-de-poder_44005_75636.html

http://hoybolivia.com/Noticia.php?IdEdicion=548&IdSeccion=7&IdNoticia=22823

lunes 12 de octubre de 2009

El Nobel es para Ostrom y Williamson

Por: Mauricio Ríos García

La politóloga Elinor Ostrom de la Universidad de Indiana, y el economista Oliver E. Williamson de la Universidad de California, Berkeley, fueron galardonados este lunes 12 de octubre con el Premio Nobel de Economía 2009, sorprendiendo a propios y extraños; “por su análisis económico de la gobernanza, especialmente de los comunes (de los bienes comunales)”, y “por su análisis económico de la gobernanza, especialmente los límites de la empresa", respectivamente.

Para ser más claros, el gran trabajo de Ostrom y en particular la obra “Gobernando los bienes comunales: la evolución de instituciones para la acción colectiva” se concentra en cómo los problemas de los bienes comunales pueden ser resueltos localmente, es decir, prescindiendo de la administración central del Estado, o sobre la forma en que uno consigue cooperación social, incluso cuando el aspecto de privado pareciera no ser la alternativa.

Sin embargo, además de no poder pasar por alto el hecho de ser la primera mujer en ser galardonada en esta categoría, vale destacar la estrecha relación que sostiene con la Escuela de Elección Publica, y también con la Escuela Austríaca de Economía, a juzgar no sólo por la aplicación de estos enfoques (u otros muy cercanos) en sus numerosos trabajos sobre federalismo y las organizaciones del Estado, sino también por las contribuciones de algunos de sus discípulos.

Es más, la relación de Ostrom con la Escuela Austríaca es más estrecha aún. Los austríacos Boettke y Aligicia publicaron este año un libro titulado “El Desafío del Análisis Institucional y el Desarrollo” (Routledge, 2009), en el que precisamente analizan, rescatan y aplican las contribuciones de la politóloga a la política económica y las ciencias sociales, así que las contribuciones de las Ostrom son aplicables a las de la Escuela Austríaca y viceversa.

Para el caso de Williamson, algunos consideran que esta podría ser la premiación más cercana a los austríacos en muchos años, tal vez desde 1974 cuando Hayek (y Myrdal), sobre todo por el trabajo que publicó en 1991 titulado "Instituciones Económicas: Gobierno Espontáneo e Intencional”. Y para profundizar en el aporte de Ostrom, el mismo Boettke recomienda los trabajos Gobierno de los Comunes (Cambridge), y Diversidad Institucional (Priceton).

Por otro lado, y para gran sorpresa de quienes vivimos en un lugar tan alejado de donde se plantean ideas de semejante calibre, Ostrom guarda una estrecha relación académica y de amistad, nada más y nada menos que con el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (CERES) de Cochabamba, en particular sobre investigaciones en el manejo de bosques como recurso comunal; y aunque en forma indirecta, Williamson también guarda relación por la forma en que Berkeley ha influido en la línea de trabajo del CERES durante los últimos años.

No cabe duda que con este premio vienen renovadas esperanzas sobre el interés que puede despertar, sobre todo en los jóvenes estudiantes, en los postulados de la Escuela Austríaca y la Escuela de Elección Pública, es decir, sobre la racionalidad humana y su comportamiento -sobre los que Mises trabajó tanto-, las instituciones, y las soluciones alternativas legales, políticas y culturales.

Esta premiación es una muy particular, ya que luego de la polémica premiación de Krugman en 2008 y el posterior desenvolvimiento político que tuvo, este año ha logrado el contento casi unánime de las escuelas contemporáneas más reconocidas en el mundo, y sobre todo por el largo tiempo que ha pasado para prestar atención a los aportes de la ciencia desde esta perspectiva.

Cuando Hayek recibió el mismo Premio en 1974, confesó que si le hubieran consultado sobre establecer un Premio Nobel de Economía, él se hubiese manifestado en desacuerdo porque temía que éste tendería a acentuar las oscilaciones de la moda científica. Afortunadamente, el Comité de Selección había refutado esta idea premiándolo a él, alguien que había tenido tan poca cabida dentro de la moda, sin embargo, Hayek se mantuvo aún escéptico porque consideraba que tal Premio confería tal autoridad que ningún hombre debería poseer.

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20091014/el-nobel-es-para-ostrom-y-williamson_40624_68712.html
http://www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdEdicion=529&IdSeccion=7&IdNoticia=21665

lunes 28 de septiembre de 2009

Para terminar con los excesos

Por: Mauricio Ríos García

En su reciente cumbre de Pittsburg, los jefes de Estado del G-20 han dado a conocer una de las conclusiones más preocupantes para encontrar una estrategia para lograr la recuperación, y que además pone en evidencia lo alejada que está la posibilidad de lograr aquel crecimiento sostenido que dicen buscar. Concluyeron que este organismo debe convertirse en el gran supervisor del funcionamiento económico mundial, implementando exigencias a los bancos para reforzar su capital y reducir los bonos que pagan a sus altos ejecutivos, apuntando al viejo argumento de la codicia y el capitalismo salvaje, "para terminar con las debilidades que generaron la crisis".

Muchos creen que el socialismo más consabido terminó hace veinte años, pero no hubo ningún rediseño institucional en el sector bancario. Estamos de acuerdo en una reforma radical del sistema y en que se eliminen los privilegios, pero no mediante el dictamen del Estado sobre el sueldo de los altos ejecutivos, sino del mercado.

Para explicar esta proposición, lo que primero que debe entenderse es que la génesis de la crisis es responsabilidad de los gobiernos y sus bancos centrales cuando redoblaron la masa monetaria para la expansión crediticia sin respaldo alguno del ahorro real, y que más tarde se tradujo en los errores masivos de inversión de los que el mercado se encargó de identificar y corregir en octubre de 2008.

La nomenclatura económica tradicional hace que la banca central tenga como principal tarea el controlar la inflación y la masa monetaria, sin embargo, también está obligada a rescatar aquellos bancos con problemas inyectando liquidez para que no se desmorone el sistema, haciendo que este "prestamista de última instancia" libere de responsabilidad a los bancos privados sobre el préstamo del dinero que no tienen. Es ese el tipo de excesos que debe terminar, el exceso de poder y su planificación e intervención que provoca más errores que soluciones, el exceso que no permite que la banca privada actúe como cualquier otro agente económico.

Si por ejemplo, la emisión de dinero en manos de firmas privadas cuyo negocio dependa de su éxito en mantener estable el dinero que emiten, y que deban regular la oferta de su dinero para que el público lo acepte en virtud de su estabilidad, los bonos de los altos ejecutivos estarían determinados por la competitividad y no por la voluntad del gobernante de turno -como pretende el G-20-, los ahorristas podrían acudir a la totalidad de su dinero cuando lo vieran conveniente, y los inversionistas buscarían negocios rentables con mayor precaución. Ésta es la idea que busca de la forma más fácil, eficaz y eficiente, mantener la estabilidad monetaria, evitando toda fluctuación industrial o período de depresión, en vez de buscar medidas desesperadas que la generen o la agraven.

Si la plaga de la intervención se expande con las viejas ideas del G-20, la magnitud de sus equivocaciones tendrá relación directa con la duración y profundización de las próximas recesiones.

http://www.eldeber.com.bo/2009/2009-10-02/vernotacolumnistas.php?id=091001230825

viernes 28 de agosto de 2009

Hostil y perverso sistema inflacionista

Por: Mauricio Ríos García

Si a partir del momento en que el socialismo consiguió el poder a usted le preocupó la gestión del Gobierno o el Banco Central sobre la inflación o la deflación, le plantearemos una idea de por qué insisten en tratar este tema de una manera tan displicente, y cómo es que la falsa doctrina de moda no garantiza una economía estable.

La actual política monetaria y el camino hacia la completa planificación están orientados al inicio de la inundación del crédito barato. El Banco Central acaba de poner en vigencia un nuevo reglamento de encaje legal que reduce las tasas de un 12 a un 6%, con la idea de "liberar recursos para préstamos (solamente en bolivianos) y que las tasas de interés sean menos elevadas".

¿Quiénes son los que realmente necesitan ese crédito barato? Aunque el emprendedor desea montar un nuevo negocio, u otra persona quiere vender su casa a un mejor precio, no son ellos quienes más lo necesitan, sino los políticos.

El primer objetivo es el de garantizar la campaña. Es por esto que los defensores del control público no pueden prescindir de la inflación a fin de financiar su política de derroche. El efecto inflacionario (o deflacionario en este caso) es un buen pretexto para implantar el control de precios e ir implementando la más abusiva planificación de las cuentas de unos individuos por otros.

El segundo paso es aún más perverso, pues se trata de la propaganda subversiva. Ya que la economía de mercado la asumen sin planes, o porque el dinero es el medio de cambio comúnmente aceptado, cuya esfera de acción es la de las transacciones mercantiles efectuadas por individuos basándose en la propiedad privada de los medios de producción y la división del trabajo, ésta debe ser unánimemente condenada, para que más tarde la confiscación de todas las rentas de una cuantía superior a la que consideran justa aquellos que tienen una renta menor, gradualmente sea una realidad.

Es lo que predican los zares económicos al servicio de la conspiración contra la democracia y la libertad, aquellos que recetan el expansionismo, el dinero de curso forzoso y la manipulación del sistema monetario y crediticio como el medio más seguro para alcanzar la prosperidad, aquellos que acusan al comercio de especular con las consecuencias de la inflación.

Lo lógico en tiempos de crisis (porque el blindaje es sólo de papel), es ahorrar o ajustarse el cinturón, y así todo el ahorro que la economía privada estuvo generando, pueda convertirse en crédito destinado a financiar la recuperación, o a asumir un mayor impacto recesivo, pero si lo que se quiere es una economía estable, la reconstrucción monetaria presupone ante todo la repudiación de las políticas inflacionistas.

Este sistema no admite -y nunca lo hará- que los últimos tres años y medio de gasto generarán déficit más temprano que tarde. Es cierto que hablan de poner fin a la inflación, pero es solamente una más de las distracciones fútiles a las que ya nos tienen acostumbrados. La manipulación monetaria es ahora el gran bulto debajo de la alfombra, y recurrirán a ella cuantas veces sea necesario.

http://www.eldeber.com.bo/2009/2009-09-03/vernotacolumnistas.php?id=090902235740

viernes 14 de agosto de 2009

Quieren desentenderse

Por: Mauricio Ríos García

El presidente Obama acaba de sostener que "en los últimos meses, el rendimiento de la economía ha sido mejor del que se esperaba". Indudablemente, resultaría ocioso discutir esa idea si eso depende de cuáles fueron sus expectativas, pero no tanto si se discute el hecho de necesitar otro plan de estímulo y si el mejoramiento de la economía se debe a estas inyecciones de liquidez.

A pesar de que se estima que el déficit presupuestario del año fiscal estadounidense podría alcanzar los 1,8 billones de dólares, y de que la deuda la terminarían pagando los contribuidores, economistas como Roubini y los Nobel Stiglitz yKrugman, aseguran que el plan de estímulo más grande de la historia de 787.000 millones de dólares, aprobado el pasado mes de febrero por el Congreso, no solo no es suficiente, sino que es necesario un nuevo paquete de entre 200.000 y 250.000 millones de dólares adicionales para fines de este año o comienzos del próximo.

Para variar, los neoclásicos no terminan de entender la crisis, y prefieren desentenderse mediante el estímulo. Argumentan que quienes se oponen a una nueva ronda de gastos “lo hacen por temor a que degeneren en inflación, pero como el problema más inmediato sigue siendo el de la deflación, la única preocupación debiese ser el desempleo”. Lo que en realidad hacen es viajar por el mundo con una receta millonaria bajo el brazo, perdiendo de vista que ahora se tiene la deuda más alta desde la Segunda Guerra Mundial.

De acuerdo con las últimas estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el costo de tales medidas asciende a casi 12 billones de dólares, de los cuáles los países desarrollados han destinado 10,2 billones; los países de la UE han destinado 313.000 millones de euros a recapitalizar bancos, representando para el G-20 un déficit público promedio del 8,1% en 2009, frente al 1,1% de 2007. Por su lado, los países emergentes gastaron 1,7 billones de dólares, por el momento (Llamas, 08/09).

Ahora bien, ¿los signos de recuperación de la economía estadounidense son gracias al estímulo? Si un 90% del dinero destinado al mismo aún no fue gastado, como Casey Mulligan de la Universidad de Chicago, sostiene, ¿cómo pudo mejorar la economía, si el nivel de desempleo no se aleja de casi un 10%, y si las medidas de principio de año tardan medio año o más en hacer efecto?

Otro de los argumentos de los neoclásicos es que el problema de la actual crisis está en la falta de crédito, y entonces tratan de resolverla con deuda, es decir, la Reserva Federal disminuye el nivel de las tasas de referencia para que se promueva el crédito y la gente se siga endeudando. La única manera de resolver el problema de la deuda es honrándola, no postergándola. Es como que yo a usted le prestara para que me pague lo que ya me debe (¿?).

Afortunadamente, la Reserva empieza a entender este tema. Acaba de decidir ampliar los programas de rescate solamente por un mes, y anunció un punto final a las compras de deuda por parte del Gobierno. Sin duda es esa la señal correcta para empezar a frenar la crisis, y lo que todas las personas deben hacer a partir del anuncio, incluida la administración Obama, es ajustarse los cinturones, reducir sus gastos y asumir sus errores como lo hicieron en peores experiencias, y no dejárselos a algún asesor iluminado de la Casa Blanca, del Congreso o de la Reserva Federal, que resuma todo en "estimular o morir".

Ahora, la discusión sobre si la recuperación es artificial o no, es un tema que queda pendiente, pero si de corolario sirve, la crisis es un problema más de carácter moral que de recetas económicas.

http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20090822/quieren-desentenderse_31349_51121.html

http://www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdEdicion=468&IdSeccion=7&IdNoticia=18982

jueves 2 de julio de 2009

Crisis financiera: reflexiones de tres grandes

Por: Mauricio Ríos García


El Instituto CATO de los Estados Unidos acaba de publicar un documento periódico de análisis de políticas públicas, en el cuál escriben los más destacados economistas pro mercado de los Estados Unidos, sobre las Lecciones de la Crisis Financiera. Entre ellos se destacan los artículos de Anna J. Schwartz quién escribió la Historia Monetaria de los Estados Unidos junto a Milton Friedman; uno de los principales representantes de la Escuela de Chicago, Allan H. Meltzer, escritor de La Historia de la Reserva Federal; y tal vez uno de los principales exponentes de la Escuela Austríaca, Roger W. Garrison.


Una vez identificado el origen de la crisis financiera, descritos los factores que contribuyen a agravarla y profundizarla, y más allá de cambiar la Ley de Bancarrota o terminar de una vez por todas con Fannie Mae y Freddie Mac, estos tres economistas coinciden en que -por sobre todas las cosas- las intervenciones legislativas que anulan mecanismos de mercado con el fin de conseguir objetivos sociales tiene consecuencias perversas.


Por ejemplo, Schwartz se detiene a responder al ex presidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, sobre el argumento de que ningún banco central podría haber sostenido un crecimiento rápido y desmedido de activos porque, de haberlo hecho, la economía se habría sumergido en una recesión tal, que el público no lo habría permitido en una democracia:


Greenspan no explica por qué la Reserva no condujo una política monetaria menos expansiva para que los préstamos no se vieran tan artificialmente atractivos. Si la política monetaria hubiera sido más restrictiva, el crecimiento desmedido de activos hubiera sido evitado.


Otro de los puntos más importantes es el hecho de que la desregulación no causó la crisis financiera. Como Meltzer afirma, la última gran desregulación financiera fue la de 1999, cuando Bill Clinton. Ningún país en el mundo separa bancos comerciales y bancos de inversión, y nunca nadie ha tenido problemas para tener que hacerlo. No existe evidencia alguna que demuestre que la combinación de ambos tipos de bancos causaron la Gran Depresión, sin embargo, lo que ahora sí tenemos claro es que la causa principal fue cebada por la Reserva Federal.


Respecto de la histeria antideflacionista de moda, Meltzer fue aún más claro: A la última vez que alguien le preguntó por ella, respondió que esa era una de las preguntas más estúpidas que había escuchado en cuarenta años en su relación con la prensa. Aseguraba que era hora de que la gente que habla de deflación aprenda sobre la diferencia entre un cambio sostenido en los precios y un solo cambio en el nivel de precios (…) De todas maneras, en toda la historia de la Reserva Federal hubo seis o siete períodos en los que se presentó el caso de una deflación y sólo una de ellas fue un desastre: la Gran Depresión.


Garrison, en cambio, es un tanto más ambicioso: La descentralización del dinero, tal y como fue propuesta por Hayek (1976) y explorada por Selgin y White (1994), está captando cada vez mayor atención. La oferta de dinero basada en el mercado debe ser reconsiderada, más allá de las preocupaciones con su viabilidad política (…) El que por lo menos se entienda el funcionamiento de un sistema monetario descentralizado, podría identificar con más claridad los peligros de continuar con un sistema centralizado.


Es la vieja explicación austríaca de los ciclos económicos. Durante varios años, con las tasas de interés por debajo de su nivel natural, y con un crecimiento descarrilado de la economía, la sensibilidad de los mercados fue guiada por estimulaciones que no provienen del mismo sistema de mercado, sino de afuera, por tanto, si convenimos en prevenir crisis financieras futuras, estas reflexiones marcan claramente la línea a seguir, es decir, gobierno limitado, libre mercado, paz y libertad individual: Fórmula del Buen Gobierno.



http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20090709/crisis-financiera-reflexiones-de-tres-grandes_24343_38070.html

http://www.hoybolivia.com/vernoticia.php?IdSeccion=6&IdEdicion=427&IdNoticia=17055

martes 2 de junio de 2009

Deflación: ¿Malas o buenas noticias?

Por: Mauricio Ríos García

Una vez que la deflación terminara siendo una realidad el pasado mes de mayo en Bolivia, la primera reacción de los economistas de análisis tradicional fue la de presentarla como una pésima noticia para la economía. En su opinión, ante la caída sostenida de los precios, los consumidores entenderían que no merece la pena comprar hoy si mañana será todo más barato, forzando ajustes en los niveles de empleo y producción, y postergando además todo proyecto de inversión. Sin embargo, presumir que esto sucederá, también significa decir que los agentes nunca comprarán nada, lo cuál carece de sentido.


En una mala interpretación, lo que las autoridades monetarias deciden en estos casos es adoptar medidas expansivas, reduciendo las tasas de interés para hacer más accesible el crédito e incentivar el consumo para una pronta recuperación, revirtiendo los procesos hacia la inflación moderada. Esto solamente nos llevaría a postergar los efetos de la crisis sobre nuestra economía.

Pero no todo es mala noticia, existe, sin embargo, una forma distinta de interpretar el caso de una deflación. Para otro tipo de economistas, se trata de un proceso de reestructuración de los mercados, es un proceso de contracción crediticia que permite identificar aquellos negocios y proyectos no viables, que se financiaron indebidamente, y que no podrían asumir el golpe de la crisis internacional.

Con esta premisa, uno se preguntaría cómo podrían hacer más dinero las empresas si sus productos valen cada día menos. Pues haciéndose más eficientes. El único tipo de empresas que pueden darse el lujo de sostener ineficiencias que cargan su responsabilidad a los consumidores, a través del precio, son las monopólicas.

Así, con un proceso deflacionario se favorece a los consumidores, sobre todo a los pensionistas y acreedores; con un proceso inflacionario, en cambio, se favorecía a los deudores. Lo que es bueno para los consumidores es bueno para todos.

Es verdad que existe un incentivo al ahorro cuando los precios disminuyen, pero eso solamente augura un crecimiento económico sostenible, pues cuando la gente ahorra, lo hace por una razón, y es para gastar más tarde. Un efecto deflacionario provoca un desincentivo para el préstamo, pero al mismo tiempo, para aquellos que estuvieron ahorrando en época de vacas gordas, existe un incentivo para invertir, es decir, buenas noticias y grandes recompensas para negocios capitalizados en forma correcta.

Lo peor que le podría pasar a nuestra economía, entonces, no es necesariamente una deflación prolongada combinada con una recesión, como sugiere el análisis tradicional, sino una recesión inflacionaria, es decir, una caída de la productividad económica, combinada con un incremento sostenido del nivel general de precios: escasez e incapacidad de compra.

La deflación sirve para que la recuperación sea más ágil y rápida, es decir que se forme una V de rápida caída y pronta recuperación, y no una U de rápida caída y lenta recuperación.

¿Qué sucede con aquellos proyectos financiados por error? Uno podría decir que no habría mayor problema porque se ha materializado recursos escasos, pero este argumento se queda corto porque además de que la deflación permitiría identificar aquellos proyectos sin demanda, estos podrían ser paralizados oportunamente para liberar recursos y dirigirlos hacia aquellos que sí son viables, momento en que el mercado se encargaría de detectar nuevas oportunidades de beneficio… señal de la recuperación.

La caída sostenida de los precios no deprime la economía, no deprime la producción, y la contracción del crédito no conduce a las recesiones hacia una depresión. Ciertamente, para entender algunos casos de la teoría económica, todo lo que uno tal vez necesita es mayor sentido común.

http://www.pulsobolivia.com/index.php?option=com_content&task=view&id=2563&Itemid=3
http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20090605/deflacion-malas-o-buenas-noticias_14046_22166.html
http://hoybolivia.com/Noticia.php?IdEdicion=396&IdSeccion=6&IdNoticia=15591