Por: Mauricio Ríos García
Si bien las celebraciones del Bicentenario de Cochabamba tienen que ver más con la conmemoración de un evento libertario sucedido hace 200 años, también es una oportunidad para realizar balances en materia de bienestar, por ejemplo. La gente se pregunta sobre si las políticas de inversión pública en el departamento son las correctas al aumentar el Producto Interno Bruto (PIB) departamental o bien si incrementan su participación en el PIB nacional.
Cochabamba nunca se ha caracterizado por ser un departamento cuya producción sea, en suma, la más importante de Bolivia, y de hecho, el ritmo de su crecimiento ha venido estancándose e incluso deprimiéndose en forma paulatina. Desde hace al menos cincuenta años ha ocupado un relativamente cómodo tercer lugar, ya sea por el peso de sus actividades extractivas, la economía de la coca, la agricultura tradicional o por su ubicación geográfica como una ciudad de tránsito dedicada al comercio, pero al momento en que Santa Cruz busca consolidar sus condiciones para el comercio, y con el auge, producción y explotación de hidrocarburos de Tarija, Cochabamba empieza a perfilarse para ocupar un cuarto e incluso un quinto lugar de contribución productiva.
Pero no es eso lo que debe preocupar. Existe cierto consenso respecto de la forma en que Cochabamba podría alcanzar una mayor contribución al PIB del país, es decir, sólo mediante un masivo incremento del gasto público para estimular la economía y conseguir mayores niveles de desarrollo. Suena interesante, pero este podría ser el único y simple hecho por el cual la política tradicional justificaría una imprecisa o inmedible intervención del Estado en la economía en deterioro de la libertad individual. Hoy, los controles sobre la economía son cada vez más amplios y profundos, mientras se gasta una riqueza no producida.
Si hubiera que valorar (y no necesariamente medir) el aporte de la economía cochabambina al país, sería mediante el respeto de la propiedad y libertad del ciudadano para coordinar sus planes con los de otros ciudadanos. Es esta la manera en que debemos plantear un problema económico, y en este sentido, en la medida que toda actividad empresarial tenga permitida la identificación de oportunidades de beneficio, se evitará toda pérdida de recursos en la construcción de planes y modelos de gran virtuosismo técnico y derroche de recursos.
Cochabamba tiene varios casos emblemáticos de empresarios exitosos cuyos emprendimientos no sólo sobrevivieron a uno de los casos de hiperinflación más estudiados del mundo, en uno de los intentos del Estado por ser el actor dominante de la economía nacional, sino que además, muchos de sus emprendimientos han sido capaces de sobrevivir incluso en etapas dictatoriales donde muchas empresas fueron clausuradas sin derecho a réplica, otras intervenidas e incluso incendiadas en innumerables asaltos a la propiedad, la democracia y la libertad.
Ahora que presenta la oportunidad, es necesario discutir los medios y las medidas por un mejor bienestar, así como es necesario discutir si estas medidas permitirán realmente alcanzar los fines a las que están dirigidas. De lo contrario, condenar ideas será inútil desde un punto de vista arbitrariamente preconcebido, así como sería inútil distraer la atención de nuestro objetivo insultado al capitalismo o rindiendo culto a la pachamama.
Ciertamente, así como no puede afirmarse que un individuo puede mejorar sus condiciones de vida por el simple hecho de que su vecino haya producido más bienes, no existe relación objetiva entre el crecimiento de la economía o la contribución de su producto al país, y el bienestar de sus habitantes. Lo más relevante de la economía cochabambina es -o debiera ser como cualquier otra- la manera en la que permite que sus habitantes logren satisfacer sus fines o que sus instituciones logren desarrollarse cuando se hacen más respetuosas de la propiedad, la libertad y sus valores éticos.
http://www.lostiempos.com/diario/opiniones/columnistas/20100923/cochabamba-a-futuro_90868_174826.html
http://www.hoybolivia.com/Noticia.php?IdSeccion=7&IdEdicion=858&IdNoticia=3913434
9 comentarios:
Oye, pero en una región culturalmente dada a los emprendimientos personales, no crees que se pueden estimular éstos con acceso a microcréditos? o potenciar los parques tecnológicos/industriales? no ves necesaria la inversión pública en infraestructuras e investigación? Se puede ver que las empresas y los centros universitarios solitos no gastan un carajo en I+D+i, entonces quizás el gobierno deba dar el empujoncito!!!
Saludos, amigo neocon... jejej
Lo bueno es que cierras tu pregunta con un "quizás". Los "estímulos" y el "empujocinto" son en realidad el problema.
Lo que no debe perderse de vista es que con los estímulos se privilegia a un grupo de interés, empresario o no empresario, que influye sobre este tipo de decisiones en el Gobierno y el Congreso, ya que es menos costosa la persuasión que la competencia en el mercado. Una sencilla lógica de privilegios, monopolios y favores para apropiarse de las rentas públicas.
La decisión correcta sería aquella a la que la teoría económica se ha referido sobradamente, aquel valor que se genera a partir del intercambio, donde –como afirmaría North, por ejemplo- el intercambio voluntario genera nueva riqueza beneficiando a las partes, siempre que se plantee un escenario institucional abierto y competitivo que proteja al consumidor y promueva la libre empresa para generar y satisfacer nuevos mercados.
Los emprendimientos personales no son gracias a la existencia o intervención del Estado, sino todo lo contrario, el emprendimiento se sostiene a pesar de la existencia e intervención del Estado en la economía. Los estímulos son simplemente perversos al otorgar privilegios a unos y quitándoselos a otros.
De todas maneras, si de estímulos se trata, será “(SIC)la capacidad (de los individuos) para impulsar la perspicacia y el descubrimiento empresarial de un conocimiento que previamente no se concebía que se podía adquirir” (Kirzner)el que vaya a dar el empujoncito que tanto la economía cochabambina como cualquier otra necesitan.
Lo que me pregunto es si se puede desarrollar una batería de ofertas de empresas privadas en cuanto a servicios de no mercado (desarrollo social, desarrollo intelectual, estudios históricos, patrimoniales, etc. , por ejemplo, que el mercado no premia) pero sobre el que hay un concenso de la gente (votantes) que consideran importante. A partir de estos bienes/servicios que el estado (o fundaciones/asociaciones civiles, mecenas, etc.) proveen, se puede lograr desarrollar una industria asociada a ello.
No todo es susceptible de generar renta. Las tardes con tu pareja o los ratos cantando en la ducha no cotizan. Sólo en costo de oportunidad, pero no se encuentran en los mercados. Tampoco los efectos simbólicos de la cultura y su repercusión en la identidad de las personas.
Antes que nada, es necesario ajustar el término y concepto que tienes del mercado, ya que no estoy seguro de a qué te refieres exactamente con "servicios de no mercado":
"El laissez faire no significa: Dejen que operen las desalmadas fuerzas mecánicas. Significa: Dejen que cada individuo escoja cómo quiere cooperar en la división social del trabajo; dejen que los consumidores determinen cuáles empresarios deberían producir. Planificación significa: dejen que únicamente el gobierno escoja e imponga sus reglas a través del aparato de coerción y compulsión."
De todas maneras, no sería fácil asegurar el que, por ejemplo, el desarrollo intelectual no tenga mercado... El mejor ejemplo son las universidades americanas que sí premian el desarrollo intelectual porque, precisamente, tienen demanda. Si cualquier desarrollo es alejado de las fuerzas del mercado por la fuerza (valga la redundancia) su destino seguro será el del fracaso.
Ahora bien, las tardes de pareja tienen también mercado, no cotizarán en bolsa (mercado contable-financiero) pero siempre habrá alguien que le asigne valor, por tanto, los "efectos simbólicos de la cultura y su repercusión en la identidad de las personas" sí cotizan.
Es sólo cuestión de preguntarle a cualquier individuo que tenga la estampa del Che en el pecho, cuánto pagó y hasta cuánto está dispuesto a pagar por utilizarla todos los días hasta que se haga polvo.
En esa lógica, también te recuerdo que los votantes en ciudades como Washington DC o Londres, están dispuestos a que con sus impuestos se financien los museos más caros y grandes del mundo para que la gente los pueda visitar gratis. Las facultades universitarias de filosofía o literatura comparada en Estados Unidos no son precisamente las más rentables... pero se entiende que por el desarrollo intelectual es importante sostenerlas. En ese sentido, hay veces (muchísimas) que se dan fallos del mercado, y el Estado debe hacerse cargo de ellos.
En la práctica, todos los gobiernos de países desarrollados, liberales o conservadores, invierten en el logro de unas condiciones que propicien el desarrollo, por ejemplo I+D+i, y escogen, discresionalmente, las áreas que estiman oportunas.
Respecto del voto, los votantes siempre se desentienden de los problemas concretos sobre los que tiene transcendencia su voto, pero además, existen grupos organizados de interés que presionan a las instituciones y protagonistas políticos para conseguir ventajas particulares, en perjuicio de otros ciudadanos y del bien común de la sociedad, que además a pocos interesa proteger. El voto, por tanto, no garantiza -de ninguna manera- el interés de la sociedad en su conjunto.
Gracias por recordármelo...
En cuanto a las supuestas fallas de mercado y los bienes públicos (museos más grandes y caros del mundo):
Por lo general, para justificar los asaltos del Estado, quienes mal se llaman economistas asumen que en la economía existe plena información, equilibrio y ajuste perfecto para identificar esas supuestas "fallas de mercado".
Con esta mala interpretación, se inventó el bien público, la información asimétrica, el riesgo moral y la selección adversa.
Para el caso de un bien público, por ejemplo (porque no cubriremos toda la teoría hoy) cuando la gente los consume sin la necesidad de pagar por ellos, todos esperarán que sean otros quienes paguen por ellos, de modo que a fin de cuentas, este bien o servicio se producirá en una cantidad inferior a la que se hubiera producido en caso de que todos quienes lo consumieron pagaron por ellos.
Ahora bien. Por algún motivo especial, determinados bienes y servicios escapan a las leyes económicas fundamentales y es preciso que el Estado intervenga de modo "excepcional", que es lo que nos vuelve a llevar al principio, cuando surgen los intereses particulares que se pretende justificar con el voto popular que sólo beneficia grupos particulares.
En cuanto a las universidades de las que el Estado debe hacerse cargo y la elección discrecional:
Tanto en la teoría como también en la práctica, la sociedad en su conjunto se beneficia siempre de quienes son más y mejor formados, y como todos esperan beneficiarse de esa mayor productividad sin tener que pagar por ella, nadie pagará, y la cantidad producida en el mercado será subóptima. Por este motivo se considera que el Estado debe subsidiar la educación o mantener una red de escuelas públicas.
El Estado no tiene absolutamente ningún modo de medir cuál es la cantidad óptima de un producto, por tanto, es ineficiente. No puede saber a cuántos ciudadanos irá a satisfacer el bien público ni siquiera si están dispuestos a renunciar a sus alternativas para costearlo.
Cuando el Estado provee bienes públicos, decide cargar impuestos a todos los ciudadanos indiscriminadamente, sin tener la información sobre cuántos valoran el bien público ni cuántos no encuentran valor en absoluto; muchos menos sabe si los que lo valoran, a pesar de valorarlo, preferirían gastar el dinero en otras alternativas. Cualquier decisión que se tome fuera del mercado será, en este sentido, arbitraria y carente de justificación científica. La asignación de recursos en el mercado es óptima porque cada individuo elige lo que más valora de entre las alternativas disponibles.
Finalmente, ante las evidentes y anotadas fallas delEstado para cubrir las spuestas fallas que identifica del mercado, no significa más que una oportunidad de negocio, palabra que el Estado prejuzga y sólo concibe como negativa.
siempre sigo tu blog, me encanta como escribes y los post que subes.
concuerdo en todas las ideas que presentas en el post. Espero sigas escribiendo.
excelente post, me gustan muchos tus post dicen tantas cosas que son verdades y bien expresadas.
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