Mauricio Ríos García
Hasta ahora se han aprobado tres “planes anticrisis” en Estados Unidos: el denominado TARP de 700 mil millones de dólares de la Administración Bush, destinado a ayudar a la banca y distintos sectores como el automóvil; el denominado TALF de 200 mil millones de dólares, destinado a los créditos de consumo y los créditos hipotecarios con Fannie Mae y Freddie Mac de 600 mil millones; el de la Administración Obama para “estimular la economía real” con 787 mil millones de dólares destinados a la inversión en infraestructuras y recortes fiscales de los hogares que tendrían que crear alrededor de 4 millones de empleos; y finalmente el último y cuarto plan propuesto por el Secretario del Tesoro Tim Geithner, destinado a que el Gobierno y la Reserva Federal (FED) usen entre 75.000 y 100.000 millones de dólares del plan TARP de Bush, del que la segunda parte (350.000 millones de dólares) aún no ha sido utilizada.
Este último plan consta de un riesgo y una volatilidad enorme que, en caso de que no funcione, no se trataría más que de una ruleta rusa.
La idea de Geithner consiste en lo siguiente: un banco subasta activos tóxicos (hipotecas) por 100 millones de dólares, por ejemplo. La Comisión de la FED valora sus riesgos y establece hasta qué punto respaldará la inversión privada. La máxima puja es de 84 millones de los que la Comisión garantiza hasta 72 millones. El resto, 12 millones, los pagan a partes iguales el inversor y el Tesoro, que asume el riesgo de perder seis millones. Si la idea sale bien y estos activos se “sanean”, el inversor ha arriesgado nada; si se volatilizan, pierde 78 millones.
Si el plan funcionara, ¿la actual Administración abandonaría el proteccionismo y el incremento de la intervención del Estado en la economía a través de subsidios y “rescates”, para empezar a dejar que el esfuerzo y la creatividad del empresario emprendedor vuelvan a liderar la economía estadounidense?
Gary Becker, Premio Nobel de Economía de 1992, es un hombre que de 78 años de su vida, más de 50 los dedicó al estudio del libre mercado, habiendo demostrado que este es bueno para el progreso humano.
En una reciente entrevista con Mary Anastasia O´ Grady del Wall Street Journal, Becker manifestó su desacuerdo con las medidas tomadas hasta la fecha, debido a que para estas épocas se trataba de malas ideas y por tanto contraproducentes.
Aunque el Premio Nobel no sea partidario de la filosofía del laissez-faire, destaca el hecho de que los planes de estímulo solamente incrementarán la deuda, incurriendo en gastos ineficaces, además de otros problemas, pero ante la pregunta fundamental de si por cada dólar que el gobierno gaste, se generará medio dólar más, Becker responde más que escépticamente: “el keynesianismo había pasado de moda por tanto tiempo que dejamos de investigar las variables como el multiplicador. El trabajo de Christina Romer demuestra que el trabajo sobre los multiplicadores está basado en evidencias muy débiles e incluso inexistentes, pero yo creo que es aún mucho peor que eso.”
Todos los planes de estímulo y rescate son elaborados con aquella base. Desde Hoover, pasando por Roosevelt y Bush, y terminando en Obama, todos han tomado decisiones equivocadas respecto de la economía, pero como el maestro concluiría sobre el final de la entrevista, “los economistas liberales no deberían retirarse del debate simplemente porque, por el momento, su causa parezca quijotesca.”
2 comentarios:
De acuerdo, cada albañil empleado por el Estado es un crédito menos para un empresario que podría emplear seis albañiles.
Ya llegamos al límite en el que la FED comprará deuda pública al tesoro. Quisiera saber la razón de ésta política, es un riesgo inmenso para el sistema monetario internacional en el medio plazo.
Otro punto. ¿Cómo diablos se están valorando los activos tóxicos? Hasta que no se haya tocado fondo realmente no se podrá saber su valor, y por consiguiente como subsanar este problema de solvencia.
esito no más rrrivers. saludos bro
¿Cómo va tanto tiempo? Habla Christian desde Argentina.
Concuerdo totalmente con respecto a los planes de "rescate", con el escaso entendimiento de economía fiscal y su impacto sobre la economía real. Sin embargo tengouna pregunta ¿Cómo un Estado que deje los subsidios y rescates de lado puede, a la vez, dejar el proteccionismo? Este es un punto liberal que aún no puedo terminar de comprender (o sea, creo que, por la naturaleza de los Estados es inclusive imposible de hacer, aunque esta sea la opción óptima, por lo menos a largo plazo).
Un abrazo
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